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Ficciones: Pescadores
Hacía tanto calor que ni se podía respirar. Por fin amanecer en la playa, mirando al mar.
02/03/2008
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Por fin las vacaciones ansiadas. El sol deambulaba hacía rato de un lado a otro de la cortina de lino. Hasta que el tipo se decidió a correrle el telón y dejar la fiaca en el algodón y el cuerpo voluptuoso que lo retenían. Eran las siete de la mañana en Jericoacoara. La duna gigante se desperezaba mientras los pescadores antes de iniciar la venta para subsistir y distribuir la mercancía para todo el pueblo, se sacaban moretones y cataratas de sudor caían de sus cueros tostados. No es que corrían a destiempo contra el mar, o que les faltaban anzuelos. Ni siquiera se trataba de la pesca a red, en la que un montón de gente colabora tirando y tirando para hacerse con miles de camarones. Nada que ver.
A las siete y media de cada día, de cada semana, de cada mes, de cada año, se mataban en un partido de fútbol en esa inmensa playa plana del noroeste brasilero. Dos remeras de cada lado hacían de porterías, mientras sus botes de madera esperaban con un guardián que cuidaba la mercadería. Había gritos, cargadas, gestos forzados y muchas pero muchas ganas.
Ahí andaban esos locos sueltos desayunando pelota con arenilla mojada, gambetas entre piernas fuertes y charcos de mar creados de madrugada
En el partidillo no sólo estaban los pescadores sino que se prendían los trabajadores más futboleros del lugar. Autóctonos, o exiliados, negros naturales o asimilados ante su majestad que hervía las pieles, ahí andaban esos locos sueltos desayunando pelota con arenilla mojada y gambetas entre piernas fuertes y charcos de mar creados de madrugada. El tiempo se había detenido. Cuando la mujer del tipo se levantó, asustada de no sentir el calor de su marido a su lado, fue agitada a la ventana. Escuchó gritos desde afuera y su corazón se aceleró pensando en el consejo de sus amigas europeas (…) Brasil es peligroso, tengan cuidado con el Tercer Mundo, bla bla bla(…).
Sin embargo, al asomar sus pelos despeinados y sus ojeras de buena noche se produjo un milagro en el horizonte. Había rayos de sol por todas partes enfocando a esos jóvenes y viejos, había velas de colores anunciando la pesca matutina, pero fundamentalmente había un tipo, el único tipo con remera, blanco teta y pinta de gringo que corría alocado entre ellos y pedía el centro al segundo palo porque estaba solo. Y en él se distinguían facciones olvidadas, luces enterradas en el sótano de la oficina, el tipo volvía a sonreír como un niño. Como un niño que se despierta a la mañana y sueña que está jugando al fútbol en el paraíso.
1. Fiaca: pereza en lunfardo. No me puedo levantar, tengo una fiaca bárbara. Fiaca ideal: domingo a la mañana (después que tu equipo ganó en el adelantado del sábado) tu chica te trae el desayuno a la cama, con los diarios y sin obligaciones…el resto va en la imaginación de cada uno. |
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